Salvador Medina Barahona

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Dos obras para ti, lector

In 1, Letras, Arte, Cultura on febrero 22, 2013 at 0:08

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Dos obras para ti, lector. Haz clic aquí…

Agradezco a Juan Nicanor Rosas, de la librería Exedra Books, por invitarme a compartir algunos aspectos relacionados con mis libros Cartas en tiempos de guerra y La hora de tu olvido. A ti, querido lector, te agradezco que, entre tantas otras cosas que hacer, te hayas detenido a entablar este diálogo virtual. Un abrazo cálido, SMB

COMO VINO DE PALMA: AGUAS DE LEJANÍA

In 1, Letras, Arte, Cultura on febrero 9, 2013 at 3:49

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EL VIAJE

El viaje es el mayor de los recursos con que cuenta un escritor. Sea éste al interior de sí mismo, cosa que indefectiblemente hará, tarde que temprano; o se trate de la travesía por rumbos concretos, deseables, no pocas veces insospechados, donde hacer camino es una constante y la manera de recorrerlo, la variable que distingue al caminante de todos los demás.

El primero es una exploración hacia adentro que puede cobrar rumbos infinitos, que van desde la toma de conciencia del ser que somos hasta los escenarios donde la imaginación triunfa y crea universos paralelos, contiguos a nuestra realidad. Pero ocurre que al interior de uno mismo se viaja en presente, en una búsqueda que otorga reconocimiento y que es, no está de más recordarlo, un ejercicio de profundidad que pocos se atreven a emprender, porque se toca fondo, se ven cosas que uno ha querido soslayar o se enfrentan visiones no siempre gratas. En el menos dramático de los casos, si nos vamos al lado lúdico o meramente creativo, saldremos al paso con la fiesta de las imágenes y la concepción de personajes y mundos encarnados en la trama de unos días con sus luces y sus sombras.

A los sitios concretos, por su parte, se viaja en futuro; cierto es que se traza un itinerario desde el presente, una hoja de ruta que seguir, al menos algo que nos dé indicios de lo que va a sucedernos mañana. Uno lleva, entonces, su mochila con lo indispensable, su cámara fotográfica, su libreta de mentir, su diario personal, y los ojos de turista bien aguzados, no sea que vayamos a perder detalles en la travesía y la crónica de viaje se nos convierta en la caricatura de lo vivido. De esa experiencia podremos especular a nuestras anchas. Decir, por ejemplo, que tal o cual sitio lo visitamos ayer, aunque haya sido mañana, u hoy, aunque haya sido ayer. Podemos tener, en el descanso, un fugaz sueño en el que soñamos una ruta inexistente pero posible, y crear, a partir del sueño, una realidad que nadie nos podría rebatir.

En síntesis, un viaje al interior de nosotros mismos nos da poco margen para la mentira y nos exige una confrontación penumbrosa que, sin embargo, echa luz sobre nuestro ser. De allí el temor a emprenderlo, salvo que lo hagamos como un ejercicio de imaginación. Un viaje por coordenadas exteriores, por el contrario, nos permite ver mundo, patear calles, olfatear el color de los crepúsculos, enlodar los zapatos con el sonido de las hojas y manipular los recuerdos de la travesía. En él usamos la herramienta del fotoshop y una toma amañada es presentada ante los ojos del otro como una experiencia real, cuando en el fondo sabemos que hemos alterado la imagen a nuestra conveniencia, por puro goce o por ineptitud de nuestros sentidos.

LOS POETAS Y LOS FICCIONADORES

El viaje interior caracteriza a la mayor parte de los poetas. El viaje exterior es patrimonio de los que ficcionalizan historias. En ambos casos se miente un poco; bastante más en el caso del ficcionador.

El poeta, incapaz de traducir en palabras lo que ha visto dentro de sí, esboza un cántico emocionado, dinamiza una imagen ciega que sea la intuición pasada de lo visto, dado que fugaz es el encuentro y fugaz su imagen, y finalmente cede ante la angustia de no poder decir lo que vio y se consuela con dar aproximados, mentir en los altercados del ritmo, recrear con una fidelidad dudosa la brevedad del momento y expresar la furia de su sentir fragmentado.

El ficcionador, por el contrario, celebra los retazos de su andar y los acomoda a su antojo, sin remordimiento, porque en el fondo sabe que mentir es su trama y que una trama bien mentida apunta a una buena historia. La mentira del poeta es a su pesar. La del ficcionador, a su placer. El primero trabaja, o lo intenta, en presente perpetuo; el segundo, en pasado que fue futuro que es otra vez pasado y así sucesivamente.

Pero, ¿qué ocurre cuando las líneas divisorias no son del todo claras, como ocurre en la inmensa mayoría de los casos en nuestra actual literatura, y nos encontramos con un poeta que es ficcionador y un ficcionador que es poeta? Pues lo obvio: estamos en presencia de un mentiroso doble; un escritor que nos cuenta, con la música de sus palabras, sobre sus pasadas incursiones en el rumbo bifurcado de sus días. Un agente que atestigüa, en presente, la crónica de lo que al buscar ha descubierto: su yo más íntimo y emocionado, navegando en la memoria actualísima de las cosas. Se busca a sí mismo, dentro, pero también busca lo otro, a los otros, fuera de sí. Abismo y paisaje. Interior e intemperie.

Así, presente y pasado (que fue futuro) se hacen uno y la memoria triunfa.

COMO VINO DE PALMA, DE SAMUEL ROBLES AREAS,UN FICCIONADOR QUE ES POETA

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Como vino de palma, de Samuel Robles Areas, es un trabajo concebido en esa zona difusa en la que se integran el contador de historias y el poeta. Porque no de otra manera puede recuperarse. Ese ha sido su objetivo: Ir hacia atrás, hacerse presencia desde el origen. Ser presente.

Samuel tiene emociones que transmitirnos, anécdotas que contarnos, geografías que lo justifican en el acto de volver, ante nosotros y ante sí mismo. Él ve hacia adentro, emocionado; se encuentra, emocionado; recupera senderos, emocionado, y, memorioso, va y viene a través de ellos.

El músico y el compositor que hay en él le imprimen al texto una belleza melódica grata al oído. Si suena bien está bien, diría Borges. A mí me suena bien, más que bien, porque Samuel ha armonizado musical y ejemplarmente fondo con forma. La música de sus palabras, el ritmo de sus palabras son, por sí solos, una historia colateral. Música y ritmo, lo sabemos, son fundamentales en todo buen poema; pero no siempre tiene uno la oportunidad de sentirlos tan bien integrados a la unidad. Son aquí como piel y carne al esqueleto. Y las palabras fluyen, dicen, connotan. Aunque bien podríamos ignorar su decir y construir, en ello, un poema tangencial, músico, connotativo en sus sonidos.

Dicho así, no es un poemario fácil, complaciente, el que nos aguarda. Tengo razones para afirmar que quien lo ha escrito ha puesto en marcha una cautelosa operación de ensamblaje que no puede menos que exigir una lectura detenida, atenta, en la que sin embargo no perderemos la fluidez de la emoción, que es el vehículo que posibilita, en todo poema que se respete, la transfiguración de quien lee, ese proceso en el que algo ha cambiado para siempre en nosotros.

Como vino de palma es un libro que causa, en su primera lectura, un cierto extrañamiento. Hay en él un mundo tan personal que a ratos no puede ser descifrado. Pero no somos los mismos después de leerlo. Y eso es decir bastante.

Salvador Medina Barahona, San Francisco de la Montaña, 3 de febrero de 2013

CAER

In 1, Letras, Arte, Cultura on febrero 5, 2013 at 11:36
Caer: Poema leído el 31 de enero de 2013 en el Hard Rock Hotel de la Ciudad de Panamá, durante el lanzamiento del primer CD de Javier Medina Bernal, Universo, Capítulo I.  En la foto SMB y JMB, cortesía de Kat Yurchenko.

Caer: Poema leído el 31 de enero de 2013 en el Hard Rock Hotel de la Ciudad de Panamá, durante el lanzamiento del primer CD de Javier Medina Bernal, Universo, Capítulo I. En la foto SMB y JMB, cortesía de Kat Yurchenko.

     Me veo dentro de la garganta del sol.

     El sol se ha vuelto oscuro. Un despeñadero oscuro.

Por él me pierdo. Caigo. Me vuelvo sombra:

Ya no Soy su música amarilla.

Ya no lo hago acuchillar su luz,

escupir en mí sus llamaradas…

     Quien dice que la sombra es siempre una catástrofe.

Quien dice que no se puede abandonar al sol,

hurtarle, en la fuga, un pedazo de luz,

volverse uno mismo luz, relámpago,

subir y estallar por donde se ha caído.

     Subir, y acomodarse el dolor;

iluminarte la sangre, madre mía;

el sexo, mujer mía;

la vida entera, hijos que no tendré.

     Para que nadie olvide que he caído, Subo.

Para que alguien muerda un trozo

de mi labio ya cortado, Caigo.

     Esta es la voz de mi ceniza. Hágase aquí

la voluntad del viento.

 

SALVADOR MEDINA BARAHONA, 30 DE ENERO, 2013